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El tema del dinero de la Iglesia es con frecuencia bastante mal visto
o mal interpretado por la gente más alejada. Es por tanto una cuestión
delicada y a veces no es fácil encontrar personas sensibilizadas
y responsables que quieran asumir estos compromisos de ser los administradores
de los bienes de la comunidad parroquial.
Este grupo no puede quedar al margen de la línea evangélica marcada por la Parroquia. El tema de la pobreza evangélica no es sólo válido a nivel individual sino sobre todo a nivel de las estructuras e instituciones de la Iglesia. Pensamos que este debe ser el espíritu que nos guíe a la hora de recabar ingresos y de repartirlos. Se ha de huir de toda apariencia de lujo; se ha de borrar esa imagen de peseteros que frecuentemente hemos dado y seguimos dando. Descartamos todo aquello que pueda ser o parecer compraventa de los religioso. Los servicio parroquiales deben ser gratuitos y sí que debemos volcarnos en las llamadas a la solidaridad en ocasiones especiales para compartir con los más pobres. OBJETIVOS
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