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CUARESMA DE LA ALEGRÍA
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Cuaresma de la alegría.
Cuando faltan cuarenta días para la gran fiesta cristiana, la Fiesta,
se toca un clarinazo de preparación. No es un tiempo de tristeza.
La preparación es ya parte del misterio pascual.
Van a ser tres largos meses de fiesta: primero, cuarenta días de tensa
espera; después, el gozoso día de la resurrección de
nuestro Señor Jesucristo, el Día, la Pascua, el triunfo de
la vida sobre la muerte; en conclusión, cincuenta días más,
asimilando y viviendo el misterio. Es que un día es poco para tanta
verdad y para tanta alegría. Hay que prolongar el tiempo y dosificar
el alimento. Hay que acostumbrarse a tanta dicha. El deseo de la Iglesia
es que esa Fiesta no termine nunca, que ese Día no tenga ocaso. Por
eso, el primer anuncio de la Cuaresma es de alegría. No penséis,
por favor, en mortificaciones y en complejos de culpa. Vivir en la negatividad
es hasta blasfemo. No mortificaciones, sino vivificaciones; no penitencias,
sino conversión; no culpa, sino gracia.
El Dios de la vida, que sacó a su Hijo de la muerte, nos llama a todos
a vivir. Cada victoria sobre nuestro egoísmo es ya una parte de Pascua.
¿Por qué ha de ser la Cuaresma un tiempo antipático?
¿Y por qué sólo un tiempo de preparación?
No hablemos, pues, solamente de mortificaciones. sino de libertad: no hablemos
nada más de ayunos y limosnas, sino de solidaridad; no hablemos sólo
de oraciones, sino de oración; no "busquemos" sufrimientos, sino aceptemos
y compartamos los sufrimientos, para superar todo sufrimiento.
-- Cuaresma de vida.
Si la Pascua es el triunfo de la vida sobre la muerte, la dimensión
pascual de la Cuaresma empieza ya a propiciar y anticipar este triunfo. Se
trata de una vida en calidad. Es lo que llamamos conversión. Y si
quereis, vamos a llamarlo cruz, pero no una cruz que mata, sino que vivifica.
-- Conviértete al ser. El ser es vida y felicidad. Cuando sientes
tu vida interior, cuando te sientes crecer, cuando captas el chispazo creador,
cuando te centras en el amor, cuando captas y compartes la vida de los demás,
cuando te abres a la vida en general, cuando te adentras en el misterio vital,
entonces entiendes lo que es libertad y el gozo de existir.
Te conviertes, no en poseedor, sino en adorador; no en un coleccionista,
sino en un artista; no en un repetidor, sino en un creador. El que «es»
siente, vibra, crea, crece, ama, vive. Es vida en calidad. Crucifica el tener.
El tener es apego, endurecimiento, idolatría. El tener te cosifica
y te deshumaniza. Puede que ganes vida en cantidad, pero la pierdes en calidad.
El tener es un ídolo que exige un culto de alto precio a cambio de
nada. Vendes tu libertad y tus derechos de primogenitura a cambio de un plato
de lentejas. El tener pone un sello economicista en todo tu trabajo y en
todas tus relaciones. En adelante, no tendrás tú las cosas,
serán las cosas las que te tengan a ti. ¡Esclavo! Crucifica
el ansia de tener, la avaricia, la cosificación de la vida. Entonces
podrás ser, y podrás tener cosas, pero redimidas, como medio,
no como fin, y serás libre. Dicen que es bueno darse una vuelta por
el Corte Inglés, para darte cuenta de las cosas que no necesitas para
ser feliz. Porque feliz no es el que más tiene, sino el que menos
necesita.
-- Conviértete al amar o a la solidaridad
La vida y la felicidad y la realización del hombre están en
el amar, en el sentir, en el com-padecer, en el compartir, en el vivir con
y para los demás. Nuestro vivir es con-vivir y comunicarse y unirse.
Con esto, no solamente imitamos a Dios, que es comunión de vida, hechos
a su imagen y semejanza, sino que hacemos presente a Dios, sacramentalizándolo
en nuestra vida.
El hombre se define más como un animal que ama, que como un animal
que piensa. Vivir en solidaridad es calidad de vida, porque el otro es para
ti, no rival, sino complemento, estímulo, fuente de tu propia personalidad.
--Crucifica el egoísmo y el individualismo. Rompe esa tendencia a
encerrarte y clausurarte en ti mismo. Crucifica a tu Narciso. Este egoísmo
va matando en ti el amor, que es la auténtica vida: «el que
no ama está muerto». El individualismo te convierte en un ser
odioso y receloso. El narcisismo te convierte en un ser infantil y estúpido.
El egoísmo insolidario es también injusto, por no ofrecer a
los demás lo que tienen derecho a recibir de ti. Debes compartir tus
bienes y tus talentos, que para eso se te han dado.
Conviértete de esa cómoda postura egocéntrica e insolidaria.
Sal de tu refugio y ponte en camino, con los ojos, las manos y el corazón
bien abiertos; enseguida encontrarás compañeros de viaje y
hombres tirados en la cuneta; no cierres los ojos ni pases de largo; acércate,
compadécete, solidarízate. Aprenderás la alegría
del compartir.
--Conviértete al orar.
Orar es abrirte al ser, dejarte invadir por la presencia del Ser, que es
Amigo, contemplar, agradecer, adorar, amar. Orar es entrar dentro de ti mismo,
hasta llegar hasta tu más íntima intimidad, que es Fuente de
ser. Es entrar en la dimensión de Dios, que se hace presente en las
demás personas, en los acontecimientos de la vida, en la naturaleza
toda; y orar es dejarse interpelar por la palabra de Dios, que se ha hecho
vida en Cristo Jesús. El sigue hablando, porque es «libro vivo».
Orar es entrar en la profundidad de todo, ver y escuchar y sentir y comprender
y trabajar y relacionarse y amar en verdad y profundidad. Ahí, en
lo profundo, encontramos a Dios. Lo mismo da que cantemos salmos o que atendamos
al enfermo o que contemplemos el árbol o que andemos entre libros
y pucheros. Dios está ahí.
--Crucifica tu superficialidad, tu horizontalismo, tu dispersión,
tu algarabía interior. Hay mucho ruido en ti y poco fondo. Hay vacío.
Para poder orar, necesitas.
Podar cantidad de apegos y desviaciones. Los excesos en el tener, en el comer,
en el placer, adormecen, embotan la sensibilidad e impiden el encuentro con
lo trascendente.
Este ayuno purificador es un buen ejercicio cuaresmal.
Silenciar. Los ruidos, las distracciones, las preocupaciones impiden oír
la palabra. Este es otro ayuno cuaresmal recomendado: ayunar de palabras
y deseos inútiles. El silencio exterior e interior ayudan a entrar
en el misterio.
Concentrar. Estamos dispersos, preocupados por tantas cosas, divididos en
muchas partes, a veces rotos. Complicados, agitados, inquietos, nerviosos.
Nos falta tiempo, sólo tenemos prisa. Así no podemos ni queremos
orar. El orar nos parece una complicación más y una solemne
pérdida de tiempo.
Pero el tiempo es algo que el hombre debe ir tejiendo por sí mismo
y llegar a ser su señor. Es cuestión de pacificarse. Entonces
disfrutarás del tiempo, de los trabajos, de las cosas. Es cuestión
de relativizar y buscar prioridades, aceptando limitaciones. Es cuestión
de organizarse. La Cuaresma te puede ayudar a comprender que sólo
una cosa es necesaria: Dios.
«Orar es contemplar la realidad y transformarla en amanecer del Reino»
(José A. García-Monge).
CARITAS
LA MANO AMIGA DE DIOS
CUARESMA Y PASCUA 1990.Págs. 17-20
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