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CUARESMA DE LA MISERICORDIA

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¿Por qué seguimos teniendo miedo a este bonito tiempo cuaresmal? ¿Aún añoramos los disfraces y las diversiones alienantes? ¿Aún tememos los ayunos, privaciones y mortificaciones? O sea, ¿aún no hemos entendido nada de la Cuaresma?

La Cuaresma ha de ser un tiempo gozoso, aunque no siempre resulte divertido y aunque se nos pida un esfuerzo continuado. También se le pide al atleta que ha de participar en una olimpíada, y sin embargo se entusiasma sólo con poder participar. Y también se le pide al artista que crea, y nada le llena tanto como el lograr la realización de su obra. Esfuerzo también se pide al profesional que lleva a cabo responsablemente su servicio, y goza en poder servir. Esfuerzo, en fin, no pequeño se le pide a la madre que ha de parir al hijo, pero ¡qué alegría más grande al poder ofrecer un nuevo ser al mundo!

-Conversión

La Cuaresma no es privación. sino enriquecimiento: no es negatividad sino todo lo contrario, es creatividad, un esfuerzo por renovar, construir y conquistar. El estadio de la competición está más en el interior. Lo que se pretende es crecer un poco, rejuvenecerse, adquirir mejores cualidades, estar más contentos con nosotros mismos. Es lo que teológicamente se llama conversión. El compromiso hacia fuera no tardará en llegar. La conversión puede exigir a veces una terapia liberadora, como el que se pone a régimen para perder los kilos que le sobran o acepta una operación para quitarse el quiste o la verruga que le afea. Y sin duda que necesitamos todos de una buena operación porque son muchas las cosas que nos sobran y muchas las cosas que nos afean. Pero hay una operación radical a la que todos tenemos que someternos: es la operación de corazón. No es cuestión de limpiar o trasplantar una arteria o de poner una válvula más o menos. Es un trasplante total. Que nos quiten el corazón de piedra y nos pongan un corazón de carne. Y que por este corazón circule una sangre nueva -¡divina transfusión desde el Costado!-, oxigenada con el aire del Espíritu.

No hay que asustarse. Lo "gracioso" es que este trasplante no supone tanto sacrificio. Es más un don que una operación, es más una gracia que una terapia. Lo único necesario es que te dejes cambiar.

-Un corazón nuevo

La metáfora ya es muy conocida, pero tiene hondura. Y el corazón nuevo que realmente necesitamos es un corazón que sea de veras corazón, un corazón tejido de ternura y benevolencia, un corazón grande y sensible, un corazón misericordioso. O sea, un corazón parecido al Corazón de Dios.

La misericordia es lo que define a Dios. Cuando Moisés quiere conocer su gloria, es decir, su intimidad, su realidad más profunda, y le pregunta por su nombre, recibe esta respuesta: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y benévolo, tardo a la ira y rico en bondad y fidelidad» (/Ex/34/05-07).

-Misericordioso y benévolo

En hebreo son palabras tomadas de los sentimientos y gestos maternales. Dios tiene entrañas maternales. Siente como una madre cuando lleva a su hijo dentro. Dios se conmueve por sus hijos hasta la pasión y la ternura. Es como la madre que ve al niño en el suelo y lo levanta y lo estrecha contra su pecho.

Esta misericordia de Dios se manifestó definitivamente en Jesucristo, a quien se le conmovían fácilmente las entrañas: ante el enfermo, ante el hambriento, ante el pecador, ante todo el que sufría.

¿Qué se nos pide en esta Cuaresma? Solamente una cosa, que nuestro corazón sea misericordioso, que nuestro corazón rebose de misericordia, que prolonguemos y acerquemos la infinita misericordia de Dios, reflejada en Jesucristo. ¿Eso es poca cosa? Eso es lo más grande que podemos hacer, la Cuaresma más hermosa que podemos practicar. La más hermosa y la más necesaria. Porque vivimos en un mundo carente de misericordia.

Un mundo sin misericordia. Un mundo duro, frío, competitivo: un mundo que crea soledad, que divide y enfrenta a los hombres: un mundo deshumanizado, sin entrañas, sin corazón. "La enfermedad que padece el mundo, la enfermedad principal del hombre, no es la pobreza o la guerra, es la falta de amor, la esclerosis del corazón» (M. Teresa:·TEREC) O sea, que tiene el corazón necrosado, un corazón de piedra.

En este mundo nuestro no hay misericordia para los vencidos, que son millones: para los débiles, los pobres, los viejos, los enfermos y minusválidos y todos los fracasados. "La sociedad moderna segrega marginación y sufrimiento, que luego con frecuencia ignora y olvida. Los nuevos pobres de la sociedad moderna: ancianos solitarios, enfermos terminales, niños sin familia, madres abandonadas, delincuentes, drogadictos, alcohólicos y tantos otros". (TDV 60).

Nuestro mundo chirría. Somos más rivales que fraternales, más egoístas que solidarios, más injustos y belicosos que compasivos. Y la gente está nerviosa, agresiva, insatisfecha. Tenemos muchas cosas, pero falta «la cosa», el toque del Espíritu, la unción de la misericordia.

Por eso «la Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales en cada etapa de la historia, y especialmente en la edad contemporánea, el de proclamar e introducir en la vida el misterio de la misericordia, revelado en sumo grado en Cristo Jesús» (Dives in misericordia, 14).

Esto es lo principal. Esta es nuestra misión, no sólo primaria, sino fundante y determinante. Podemos hacer otras muchas cosas. Podremos y deberemos orar, enseñar, evangelizar. Podremos y deberemos celebrar la eucaristía, ayunar y leer la Biblia. Pero si todo esto no lleva el sello de la misericordia, si no nace y se alimenta de la misericordia, si no se reviste y se baña de amor, todo será irrelevante y vacío.

Sea, pues. nuestra Cuaresma rica en misericordia, rebosante de misericordia. ¿Qué entendemos por misericordia? El poner el corazón junto a la miseria, el inclinarse sobre las llagas del hermano, el ofrecer nuestra ternura y nuestra ayuda al que lo necesita, el rescatar de la opresión a quien la sufre. Es la actitud fundamental de la persona que se acerca al sufrimiento ajeno y lo comparte, lo interioriza y lo erradica, si puede. Esfuérzate en esta Cuaresma por ver dónde hay alguna miseria, para poner allí corriendo el corazón. A ver si aprendemos de una vez "lo que significa aquello de: Misericordia quiero, y no sacrificio" /Mt/09/13: /Os/06/06).

CARITAS
UN DIOS PARA TU HERMANO
CUARESMA Y PASCUA 1992.Págs. 19 ss.