<< Para imprimir los textos haga click aquí  

EJERCICIOS ESPIRIRUALES, EJERCICIOS CUARESMALES

Volver a menú principal



"Ejercicios espirituales" nos sugiere días de retiro destinados a la oración y a la reforma de la vida. San Ignacio atribuye a la expresión un significado más amplio: "...así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la misma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de si todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales" (E.E. anotación 1).

Ahora, cuando tanto insisten los médicos en recomendarnos "hacer ejercicio", no estaría de más que nos recomendásemos unos a otros, como condición indispensable "para la salud del ánima", realizar ejercicios espirituales. Porque parece claro que el género de vida que llevamos no es el más adecuado para el desarrollo de nuestra vida espiritual, ni en lo que se refiere al desarrollo de nuestra dimensión espiritual -que no tiene por qué estar separada de lo corporal- ni en el sentido de vida según el Espíritu de Dios.

La Cuaresma y la Pascua pueden ser una buena ocasión para dedicar un poco más de atención y de tiempo a tales ejercicios. Los llamados ejercicios cuaresmales constituyen una buena fórmula inicial: el ayuno, aplicado a nuestro afán posesivo y a nuestras muchas concupiscencias, aligerará el peso que dificulta nuestro caminar en el seguimiento de Jesucristo; la limosna, medio para el ejercicio de la solidaridad y de la caridad cristiana, centrará nuestros esfuerzos en el mandamiento nuevo del que seremos examinados en la tarde de nuestra vida; la oración "advertencia amorosa de Dios", es el medio más adecuado para el ejercicio y fortalecimiento de la fe, único medio en esta vida para la unión con Dios. Todo menos pensar que podemos desarrollar la vida cristiana sin ningún esfuerzo de nuestra parte; que podemos ser cristianos sin ejercitar personalmente la vida cristiana. Pero, como el ejercicio físico, los ejercicios espirituales necesitan un correcto "modo de empleo". Son indispensables, pero no son ellos los que nos salvan. Requieren esfuerzo, pero su valor no depende del cansancio que comportan ni del mérito que nos procuran. Son ejercicio espirituales. Su agente principal es el Espíritu. Son ejercicios, en definitiva, teologales. Proceden de la fe y el amor que Dios regala a quién se acerca a Él con confianza.

JUAN MARTiN-VELASCO
MISA DOMINICAL 1998/03 36