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EL FUTURO, YA (ADVIENTO)

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Crisis de futuro.- Cuando vemos unos niños juguetones, inconscientes ellos, los miramos con infinita ternura y con preocupación inmensa. Casi estamos a punto de desearles que no crezcan. ¿Qué les tendrá reservado el dios del tiempo? Los padres responsables se lo piensan dos veces. Un niño, ¡qué alegría! Un niño, ¡qué preocupación! Sólo los necios y los santos no temen. La mayoría, ni lo uno ni lo otro. Por eso la tasa de natalidad sigue bajando.

El futuro.- Nuestros miedos. Se teme menos la confrontación de los bloques. Se teme más la degradación de la vida. Se teme menos las grandes epidemias. Se teme más el ambiente pervertido. Se teme menos la pobreza económica. Se teme más el empobrecimiento del espíritu. Se teme menos a Dios. Se teme más a los ídolos. Se teme la mediocridad de la vida, la robotización generalizada, el consumismo grosero, el diabólico engranaje de la economía, el poder deshumanizante de la cultura científico-técnica, la fuerza seductora de los medios de comunicación. Se teme el individualismo agresivo, la violencia callejera, la falta de sentido, la trampa terrorista, la competitividad inmisericorde, el abuso y el engaño permanentes. Se teme la falta de humanismo, de amistad, de solidaridad. Se teme el paro, la droga, el SIDA, el abuso sexual, el cáncer, el accidente mortal.

Crisis de futuro. No sólo por razones sociológicas. Hay razones culturales y espirituales. La evolución, es verdad, es imparable, pero no sabemos en qué dirección. No está en nuestras manos el futuro, no depende de nosotros. Por lo tanto, es mejor dedicarse a vivir el presente, que es lo nuestro. No hay un mundo que salvar, sino una vida que vivir. Las grandes ideologías han muerto. Los grandes ideales mueren. Las grandes religiones se dividen. Los grandes sueños se evaporan. Los grandes programas son imposibles. Seamos más realistas. Vivir para el futuro es vanidad. Luchar por el futuro es vaciedad. Vivamos el ahora, como la flor, que no se preocupa por el mañana. Es hasta un consejo evangélico: «No os preocupéis por el mañana. Cada día tiene su quid» (/Mt/06/34).

INDIVIDUALISMO 
Crisis de futuro. Prometeo ha sido destronado. Hoy veneramos a Narciso. Nos replegamos en nuestro interior. No salimos de nuestros ambientes confortables, sentados en nuestros cómodos sofás, consumiendo lo que nos pongan por delante. La vida es una buena película, un buen espectáculo, una buena comida, una buena «tía», una buena música, un buen sueño. La vida fluye, como el río. Llévate a la boca lo que puedas. Cómete la rosca que puedas.

El futuro ya ¿Qué nos queda de la utopía? ¿Dónde se esconde la esperanza? ¿Para qué nos sirve el Adviento? Sirve para decirnos que el presente es una realidad hermosa, pero que apunta a otra más hermosa todavía; que lo mejor del presente no es su realidad visible, sino la semilla que lleva dentro. Lo mejor de la flor es que se prepara para el fruto. El presente es una flor, pero fecundada. El presente es una realidad «pregnans».

ESPERANZAS/FUTURO:El adviento recoge las esperanzas del mundo. Aquellas esperanzas de los antiguos patriarcas, de los grandes profetas, de todo el pueblo de Dios -largo adviento de siglos-, no son más que una fase intensa y personalizada del gran adviento del mundo. Y nuestro adviento, el de las 4 semanas, no es más que un momento concentrado de este mismo adviento. Es Dios que viene, una tremenda irrupción de Dios. Y esta irrupción de Dios en lo humano, será un venero inagotable de vida y esperanza. Concentrado y personalizado. Porque nuestro futuro es Cristo.

Nuestro futuro no es algo, sino Alguien. Nuestro futuro no es apocalíptico, sino escatológico. Nuestro futuro no es terrorífico, sino esperanzador. Nuestro futuro no es el coco, sino la sonrisa de un niño. Pero ese niño encarna todas nuestras esperanzas, será el anticipo del hombre perfecto, el principio del mundo nuevo que llamamos Reino de Dios. Ese niño es el rey de la paz y del amor. Ese niño es la paz y el amor que llueve sobre esta dura tierra.

Nuestro futuro ya. Nuestro futuro ya es presente. Lo que tanto deseamos ha empezado ya a cumplirse, y se llama Jesús, Dios-con-nosotros. El Reino de Dios ya está entre nosotros y dentro de nosotros. No ha llegado a imponerse, pero da señales de vida. No es como el sol de mediodía, pero ya ilumina y calienta. Es todavía como un niño, pero es ya todo un niño.

Nuestro futuro ya. Toda la realidad está ya redimida de su vanidad y de su temporalidad. Todo tiene ya una semilla de plenitud. Todo tiene ya la marca del Reino y en cada uno de nosotros el futuro ya está ejerciendo su dinamismo. Llevamos ya dentro un principio de vida eterna. Lo que esperamos ya lo poseemos. Pero lo que poseemos no es todo lo que esperamos; por eso seguimos celebrando el Adviento. Dentro de nosotros el Adviento y la Navidad se encuentran, la Parusía y la Pascua se integran, el Alfa y el Omega se tocan. El hoy está grávido de futuro. Todos los acontecimientos anuncian algo más de lo que aparece. El mañana está ya dentro del hoy. El Adviento es Navidad. El Dios de las promesas y el Dios de la Navidad: Jesús.