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"El testimonio que deben
dar los laicos sólo puede conseguir su plena eficacia con una formación
multiforme y completa. La exigen no sólo con el contínuo
progreso espiritual y doctrinal del mismo seglar, sino también las
diversas circusntancias, personas y deberes, a los que debe acomodar su
actividad...
Además de la formación
espirirual, se requiere una sólida preparación doctrinal
teológica, moral, filosófica, según la diversidad
de edad, condición y talento... Esta formación hay que perfeccionarla
constantemente, a causa de la madurez creciente de la persona humana y
de la evolución de los problemas"
(Concilio Vaticano II.
Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, 28 y 29).
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