|
HISTORIA DE LA PASCUA
1. La Pascua
a) La Pascua judía
Las fiestas principales judías eran Pascua, Pentecostés y Tabernáculos,
cuya celebración se basaba en acontecimientos anualmente esperados
por agricultores y ganaderos, relacionados desde siempre con Dios y, más
tarde, con algunos hechos salvíficos históricos. De estas tres
fiestas, la de la Pascua era la más antigua e importante de Israel.
Recordemos que la palabra griega pascha (en castellano pascua) es traducción
del arameo phasha y del hebreo pesah, que significan «paso» o
«tránsito». Así se emplea en el evangelio de San
Juan (13,1): «Habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre...».
Naturalmente, el «paso» pascual significado no es cambio de lugar,
sino transformación de existencia. Es existir de un modo nuevo.
Así como para los agricultores el comienzo del año era en otoño,
para los nómadas empezaba en primavera. En todo caso, en Pascua florecían
las primeras espigas, con cuya harina se obtenían los panes ázimos,
es decir, los panes sin la levadura vieja perteneciente a la cosecha anterior.
Además, coincidiendo con el florecimiento del desierto, las ovejas
tienen sus crías. La noche pascual tuvo su origen en la luna llena
de primavera, momento en que los pastores se despedían con una comida
(cordero, hierbas amargas, pan ázimo), dispuestos a cambiar de lugar
de pastos (vestido ceñido, sandalias y bastón). Precisamente
cuando los judíos preparaban sus panes ázimos para ofrecerlos
a Yahvé, tuvo lugar el paso del ángel del Señor para
salvar a su pueblo de la esclavitud de Egipto.
La Pascua judía era celebrada desde sus orígenes con una comida.
A los panes ázimos se añadió el rito del sacrificio
y banquete de un cordero. Así se recordaría anualmente la pascua
del Señor, la liberación del pueblo. El acontecimiento del
éxodo de Israel y su salida de Egipto hacia la tierra prometida se
conmemoró mediante la institución pascual o el memorial de
liberación: salida hacia la libertad, final de la antigua existencia
y donación de nueva vida. Celebrada por las tribus en su lugar de
asentamiento, la Pascua se restringió más tarde a Jerusalén
y al Templo, convertidos en lugares de peregrinación. En tiempos de
Jesús, la Pascua era la fiesta más importante de los judíos.
Según Ex 12 y Dt 16, la Pascua es el «paso de Dios» para
salvar a su pueblo de la esclavitud y llevarlo a la libertad. Según
una tradición judía, la Pascua era asimismo aniversario de
la creación.
El rito fundamental de la Pascua era la cena en familia o en fraternidad,
a base de cordero (signo de la compasión de Dios), pan ázimo
(miseria sufrida), hierbas amargas (esclavitud) y salsa roja (trabajos forzados
en Egipto). Se conmemoraba la liberación de la servidumbre de Egipto,
la alegría por la libertad adquirida y la espera de la venida salvadora
del Mesías. Las muchedumbres se agolpaban en Jerusalén. Los
padres de familia iban oportunamente al templo con su correspondiente cordero
para ser degollado en la parasceve (preparación) por un sacerdote.
Era noche de rebelión y de «cuchillos largos» o de espadas.
Pero, sobre todo, noche de esperanza escatológica en la liberación
definitiva que llevaría a cabo el Mesías.
b) La Pascua de Cristo El evangelio de Juan alude a tres pascuas de Cristo:
la que coincide con la expulsión de los mercaderes (Jn 2,12-22), la
que pone de relieve el tema del pan (Jn 6) y la de la acogida triunfal de
Jesús, coincidiendo con el día en que se escogían los
corderos pascuales (Jn 12ss), para manifestar que Jesús es el verdadero
«cordero de Dios que quita el pecado del mundo». La palabra «pascua»,
en el NT, equivale a la fiesta de la Pascua o de los Azimos, a la cena pascual
y al cordero pascual. La pasión de Jesús se desarrolla en un
contexto pascual, ya que en ese tiempo tuvo lugar la última cena de
Jesús, su prendimiento, su interrogatorio y su condena. Según
los sinópticos, Jesús fue condenado en la noche de Pascua y
crucificado al día siguiente. La última cena de Jesús
fue pascual (Mc 14,12-26 par). En cambio, según San Juan, todos estos
acontecimientos tuvieron lugar veinticuatro horas antes (Jn 18,28; 19,14),
ya que Jesús murió cuando se degollaban los corderos de Pascua,
en la tarde del 14 de Nisán. Los sinópticos ponen de relieve
que la última cena es la Pascua nueva. Juan acentúa que Jesús
es el nuevo cordero.
Hoy se interpreta que la última cena de Jesús fue banquete,
con los gestos del ritual judío de la comida, es decir, «bendición»
del pan y «acción de gracias» por el vino después
de haber cenado. Los relatos de la eucaristía omiten la descripción
del ritual judío y ponen el énfasis en esos dos gestos. Fue
también cena de despedida de Jesús antes de la entrega. Todas
las comidas de Jesús eran «buena noticia» que hacían
presente ya, aunque no en su plenitud, el banquete escatológico del
reino de Dios. Jesús comió con los pobres, reconcilió
en la mesa a pecadores y cenó diariamente con sus discípulos.
La última cena tuvo un relieve especial. Los cuatro relatos de la
institución son adaptaciones litúrgicas de las palabras y acciones
de Jesús en la última cena. En realidad no cuentan lo que Jesús
hizo, sino cómo celebraban los primeros cristianos y qué sentido
tiene la eucaristía. Los cuatro relatos coinciden en señalar
lo que Jesús hizo y difieren en precisar lo que dijo. Jesús
se compara a sí mismo con el pan (cuerpo) y el vino (sangre). Según
la antropología semita, el hombre es «carne»; la sangre
era para los hebreos «sustancia de la vida». El término
«cuerpo», en contraste con «espíritu», se
emplea para referirse a toda la persona. Está en conexión con
el pan; la sangre apunta a la muerte violenta.
Los dos gestos judíos de Jesús en la última cena pascual
manifiestan el relieve eucarístico de la Pascua cristiana. Hay una
bendición sobre el pan y la copa; se ofrece el pan partido y la copa
de vino, y se acompaña esta entrega con palabras significativas y
eficaces. Uno de estos gestos, el de la fracción del pan, dará
nombre a la eucaristía, denominada por Pablo «Cena del Señor».
c) La Pascua cristiana Es posible que desde los primeros orígenes
cristianos hubiese una celebración específica pascual cada
año. Recordemos que el domingo, día del Señor, fue fiesta
pascual semanal. Pero no es fácil precisar cuándo se hizo el
tránsito de la pascua semanal a la pascua anual. Algunos aseguran
que antes del año 50 se celebraba una vigilia pascual en las Iglesias
de Roma, Corinto, Asia Menor y Jerusalén; incluso hay quienes piensan
que la Segunda Carta de Pedro es una homilía pascual pronunciada en
Roma y dirigida a los cristianos de entonces como una especie de primera
encíclica. Son meras hipótesis. Lo cierto es que desde finales
del siglo Il la Pascua anual es la fiesta más importante de la Iglesia.
De hecho, hubo en ese siglo, con respecto a la Pascua, dos corrientes que
originaron una tensa controversia. La corriente oriental defendía
que la Pascua debía celebrarse el Viernes Santo, al atardecer, con
una eucaristía. La corriente occidental pensaba que había de
festejarse en las primeras horas del domingo siguiente a ese viernes. A finales
del mencionado siglo, por decisión del papa Víctor, se impuso
la tradición romana, y empezó a celebrarse la Pascua el Domingo
de Resurrección. El concilio de Nicea del año 325 determinó
que ese domingo fuera el siguiente a la luna llena del equinocio de primavera
(entre el 22 de marzo y el 25 de abril).
Desde entonces, la celebración de la Pascua anual en toda la Iglesia
fue ruptura del ayuno previo mediante la comida fraternal y eucarística;
memorial de la pasión, es decir, de la muerte y resurrección
del Señor o del triunfo de Cristo sobre la muerte y su retorno al
Padre; vigilia nocturna con la comunidad despierta, a la espera del retorno
del Señor. La celebración culminaba, pues, con la eucaristía
de la madrugada del domingo, a la que pronto precedió el bautismo
de los catecúmenos adultos.
La razón de la importancia cristiana de la Pascua es obvia: la fe
cristiana es fe en la muerte y resurrección del Señor, o Pascua
de Cristo; por consiguiente, el misterio pascual es el centro del cristianismo,
de la Iglesia, de la acción pastoral y de la vida espiritual cristiana.
Por estas razones decimos que el bautismo es sacramento de la fe o de la
Pascua, y la eucaristía memorial pascual.
El Vaticano II ha revalorizado el sentido pascual del cristianismo. «Esta
obra de la redención humana y la perfecta glorificación de
Dios la realizó Cristo principalmente por el misterio pascual de su
bienaventurada pasión, resurrección y gloriosa ascensión»
(SC 5).
|