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JUEVES SANTO
Oración en el Monumento
Introducción:
Esta noche hemos venido aquí a poner nuestro corazón y nuestros
sentimientos al unísono de los sentimientos de Jesús. En la
noche del jueves al viernes, Jesús apura hasta el fondo la condición
humana: haber nacido y crecido en una familia humilde de un pueblo humilde,
vivir y realizar un proyecto de vida, tener amigos, soñar con ideales
y, sobre todo, amar. Y tanto ama que llega hasta el extremo, hasta el colmo.
Más allá no se puede llegar.
Esta noche orar no es sólo recordarle a él, llorarle
a él. Recordamos sus palabras camino de la cruz: “Mujeres de Jerusalén,
no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos”.
Aquí, esta noche, traigamos a nuestra oración a todos aquellos
que son los cristos dolorosos de nuestro mundo: los que lloran, los que gritan,
los que mueren, los que sufren injusticia, los escupidos y despreciados,
los hambrientos, los maldecidos, los torturados, los perseguidos....
En un breve silencio preparamos nuestro ánimo, nuestro corazón
para orar. Nos abandonamos en las manos de Dios, que sea él el que
nos vaya conduciendo en este rato de oración.
Silencio meditativo:
Ponemos nuestras vidas, nuestro ser, todo lo que tenemos en manos del Señor.
Canto: Todo lo que tengo lo pongo en tus manos.
Lectura: (Jn. 13, 1)
(Alternando dos lectores)
Lector 1
Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía
que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre.
Y él, que había amado tanto a los suyos que estaban en el mundo,
llevó su amor hasta el extremo”.
(Breve pausa)
Canto: No hay mayor amor que dar la vida por los amigos.
Lector 2
Los amó hasta el extremo.
Nos ama hasta el extremo.
Aquella tarde los amó como nunca,
como nadie había amado hasta entonces;
los amó hasta el límite,
casi hasta que se rompiesen las paredes del corazón;
los amó con un corazón inmenso, tierno,
que concentra todo el amor del mundo;
imagináos un un Dios locamente apasionado
o apasionadamente loco;
los amó hasta el fin, hasta hasta donde nadie puede llegar.
Canto: No hay mayor amor que dar la vida por los amigos.
Lector 1
Tarde de amores.
Los amó hasta dar la vida por ellos,
pues es el amor más grande;
ellos, sus discípulos, sus hijos, sus amigos, nosotros....
Los amó hasta dejarse comer por ellos,
niños de bocas ardientes,
como la madre amamanta a su criatura
hasta con la propia sangre,
amor generoso, oblativo.
Tomad, comedme, bebedme...
Canto: No hay mayor amor, que dar la vida por los amigos.
Lector 2
Los amó como el padre, que, por ellos,
no tiene ni un minuto de descanso,
amor sacrificado, vigilante.
Los amó como el mejor amigo,
siempre presente, aun en los momento difíciles,
amor fiel y respetuoso.
Los amó sin que lo merecieran,
gratuitamente, ofreciendo su perdón primero
y sin poner condiciones, para siempre.
Sin que lo mereciéramos....
Canto: No hay mayor amor que dar la vida por los amigos.
Orar es sobre todo sentirse amado por Dios... Vamos a dejarnos querer...
Nos abandonamos a su inmenso amor... gratuito... no por nuestros méritos...
Silencio: (Música ambiental)
Lectura del Evangelio:
Lector
Después de cenar, Jesús fue con sus discípulos a un
huerto llamado Getsemaní y les dijo:
- Sentáos
aquí mientras voy a orar un poco más allá.
Llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo; comenzó
a sentir tristeza y angustia, y les dijo:
- Siento
una tristeza mortal; quedáos aquí y velad conmigo.
Después, avanzando un poco más, cayó rostro en tierra
y estuvo orando así:
- Padre
mío, si es posible, que pase de mí esta copa de amargura; pero
no sea como yo quiero, sino como quieres tú.
Volvió donde estaban los discípulos y los encontró dormidos.
Entonces dijo a Pedro:
- ¿Con
que no habéis podido estar en vela conmigo ni siquiera una hora? Velad
y orad, para que podáis hacer frente a la prueba; que el espíritu
está bien dispuesto, pero la carne es débil.
Silencio meditativo (Música ambiental)
Canto: Quedáos aquí, velad conmigo. Velad y orad. Velad
y orad.
Lectura:
(Dos lectores alternando)
Lector 1
Jesús, hombre más que nunca, se vuelve a sus amigos. Necesita
compañía. Los mira... Me mira... Sus ojos están
llenos de lágrimas. Sus ojos son los del hombre que pide ayuda desesperadamente:
los ojos
del amigo a cuyo dolor me hago indiferente,
los ojos
de todos los abandonados, marginados...,
los ojos
de tantos hombres, de tantas mujeres....
Los ojos
de quienes padecen situaciones cuyas causas no entienden, que ruegan al Padre
por salir de ellas.
Los ojos
de los que gritan y no encuentran respuesta...
Y sus discípulos duermen. Sus amigos, aquellos que han pasado con
El los momentos más importantes de su vida, los que mejor parecían
entender lo del Reino... Tampoco ellos han comprendido.
Sus amigos
dormidos mientras El sufre....
El mundo
dormido mientras el hombre sufre...
Sus amigos
dormidos cuando El les llama...
El mundo
dormido cuando el hombre grita...
Nosotros,
dormidos....
¿Es
que no nos van a despertar los gritos de los que sufren?
Silencio meditativo (Música ambiental)
Canto: En nuestra oscuridad, enciende la llama de tu amor, Señor,
de tu amor , Señor, en nuestra oscuridad. Enciende la llama de tu
amor, Señor, de tu amor, Señor.
Lector 2
“Regresó Jesús a donde había dejado a sus discípulos
y volvió a encontrarlos dormidos, pues sus ojos estaban cargados:
Ellos no sabían qué responderle. Volvió por tercera
vez y les dijo:
- ¿Todavía
estáis durmiendo? ¡Basta ya!” (Mc 14,40-41)
Lector 1
No supieron qué responderle...
Hay tantas realidades ante las que nos quedamos si respuesta... Esas realidades
ante las que nos es más fácil no formular contestación,
porque contestar compromete.
De pie, frente a mí, Jesús me mira... “¿Todavía
estás durmiendo? ¡Basta ya! ...
¿Sé qué responder a Jesús?
¿Qué
respondes ante el hambre de tantos niños?
¿Qué
respondes ante tanta violencia, ante el terrorismo, las guerras?
¿Qué
respondes ante tantos brotes de racismo, xenofobia, intolerancia?
¿Qué
respondes ante tantos niños maltratados, explotados, vendidos,
prostituídos?
¿Qué
respondes?
¿Sabemos
que responder?
Silencio meditativo: ( Música ambiental)
Lectura:
(Dos lectores alternando)
Lector 1
Mantener siempre atentos los oídos
al grito de dolor de los demás
y escuchar su llamada de socorro,
es Solidaridad.
Mantener la mirada siempre alerta
y los ojos tendidos sobre el mar
en busca de algún náufrago en peligro,
es Solidaridad.
Canto: Ubi Caritas et amor, ubi Caritas Deus ibi est.
Lector 2
Sentir como algo propio el sufrimiento
del hermano de aquí y del de allá,
hacer propia la angustia de los pobres,
es Solidaridad.
Llegar a ser la voz de los humildes,
descubrir la injusticia y la maldad,
denunciar al injusto y al malvado,
es Solidaridad.
Canto: Ubi Caritas....
Lector 1
Dejarse transportar por un mensaje
cargado de esperanza, amor y paz,
hasta apretar la mano del hermano,
es Solidaridad.
Convertirse uno mismo en mensajero
del abrazo sincero y fraternal
que unos pueblos envían a otros pueblos,
es Solidaridad.
Canto: Ubi Caritas....
Lector 2
Compartir los peligros en la lucha
por vivir en justicia y libertad
arriesgando en amor hasta la vida,
es Solidaridad.
Entregar por amor hasta la vida
es la prueba mayor de la amistad,
es vivir y morir con Jesucristo
es Solidaridad.
Canto: Ubi Caritas.....
Silencio meditativo (Música ambiental)
Lectura:
La noche iba avanzando. Y el dramatismo iba creciendo. Los evangelios, queriendo
poner sobre aviso a los cristianos de las comunidades resaltan el momento
poniendo nombres a la tragedia: Judas, Pedro, las autoridades, Pilatos, las
mujeres, Juan, el centurión Romano...Pero, en medio de la noche, también
destaca la imagen de la fidelidad y del silencio: María, la madre
de Jesús, que ha recorrido paso a paso los caminos de su Hijo hasta
esta noche de soledades. María se mantiene firme y acompaña
de lejos a su Hijo. Ella tiene ya costumbre de guardar todas estas cosas
en su corazón. Y sin embargo quedan guardados los recuerdos de la
noche, de tantas noches de tantos hijos suyos.
María contempla hoy también a los crucificados de nuestra historia,
y nos contempla y acompaña también a nosotros. Su mirada nos
da fuerza frente a tantas tentaciones de cobardía, de pasividad, de
desesperanza o de simple rutina.
Contemplamos también con ella a Jesús y a todas las personas
que queremos traer esta noche a nuestra oración.
Invita a los asistentes a expresar en voz alta su oración.
Oración conclusiva:
Señor Jesús. nuestras palabras esta noche se quedan pobres.
No sabemos expresar lo que de verdad quisiéramos decirte cada uno
de nosotros. Pero tú sabes hasta nuestros deseos más escondidos.
Por eso esta noche te decimos: Gracias por todo. Gracias por tu vida y por
tu Palabra.
Concede a nuestra comunidad el tener un sólo corazón y una
sola alma; que nos unamos en torno a tí siempre y cada día;
y que hagamos realidad tu último deseo: “amaos, como yo os he amado”.
Tú que no permaneces muerto, sino que vives para nosotros y reinas
por los siglos de los siglos. Amen.
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