HORA SANTA (Jueves Santo)
INTRODUCCIÓN-AMBIENTACIÓN
MONITOR
Como sabéis, estamos recordando a Jesús en la noche después
de la última cena. Por entonces Jesús ya sabía que su
vida estaba en peligro. No tenía ninguna salida. Después
de la entrada triunfal en Jerusalén, Jesús mantuvo algunas
disputas con los escribas y fariseos. Cuando llegaba la noche, Jesús
y sus discípulos se marchaban a Betania a casa de Lázaro y
sus hermanas. Y si era demasiado tarde, se quedaban en las afueras,
en el Huerto de los Olivos. Así se escondía de sus enemigos.
Por las mañanas, aparecía en el atrio del Templo predicando
su buena noticia. Por la noche se escapaba de la ciudad. Así fue hasta
que llegó la fiesta de la Pascua. Esa noche, reunido con sus discípulos,
quiso celebrar también la fiesta con sus amigos. Pero
era una celebración con sabor a despedida y a traición.
Cuando se habló de esto, todos dijeron que se quedarían con
Jesús, que estaban dispuestos a dar su vida por Jesús, etc,
pero luego todos lo abandonaron. Se creían buenos discípulos
pero eran más miedosos de lo que se creían. Aquella noche,
Jesús les había lavado los pies para decirles que su vida está
al servicio de los demás. Después les repartió el Pan
y el Vino y les dijo que representaban su vida entregada. Al finalizar
la cena, se despide de ellos con un largo discurso relatado por S. Juan
LECTOR 1
Aquella noche era especial. Había amenazas y odio entre los judíos
contra Jesús. Le llegaba a Jesús su hora de volver al Padre.
No sabemos bien cuántas cosas atormentaban a Jesús en
aquellos momentos. El evangelio de S. Juan pone en labios de Jesús
un largo discurso donde hay alusiones a su despedida, hay últimas
recomendaciones, hay avisos, hay anuncios consoladores. Nosotros vamos
a leer en esta noche algunos trozos de ese discurso: la traición
de Judas, el nuevo mandamiento de Jesús, la promesa del Espíritu,
el odio del mundo contra la verdad y la justicia. La vamos a escuchar como
las últimas recomendaciones de una persona que va a morir con
el deseo de entregar su vida por todos.
Simplemente queremos estar un rato en esta noche con el Señor que
nos pidió “velar y orar para no caer en la tentación”.
Es como si quisiéramos acompañarle un rato en esta noche especial.
No podemos decirle: Señor, cuenta con nosotros. Somos demasiado
débiles: como Pedro y todos los demás discípulos. Pero
queremos meditar las cosas que ocurrieron entonces para aprender muchas cosas
que nos vendrán bien.
Comenzamos poniéndonos en su presencia para hacer oración.
Canto: Quedaos aquí, velad conmigo, velad y orad, velad y orad.
ORACIÓN
Tú recomendaste a tus discípulos en esta noche que velaran
al menos una hora contigo; pues aquí nos tienes, Señor. También
somos débiles y cobardes, pero queremos seguir tu camino contigo.
Nos enseñaste que tu amor y tu entrega daban sentido a tu vida.
Nos hablaste de Dios como de un Padre bueno y nos enseñaste también
a construir entre nosotros un mundo de hermanos. En esta noche
de tu entrega, danos a nosotros esperanza y decisión. Queremos
andar tu mismo camino. No nos dejes solos.
MONITOR
En aquella noche, Judas, uno de los discípulos de Jesús, se
marchó de la cena para vender a Jesús por unas monedas. Sabéis
que eso de traicionar al Señor no es cosa sólo de Judas. El
Señor sufrió y sufre muchas traiciones. Vamos a recordar
las cosas tal como las cuenta el evangelio. Seguro que nos sugiere muchas
cosas.
LECTOR 2
1. La traición Jn 13. 18-32
Yo no estoy ahora hablando de todos vosotros. Sé muy bien a quiénes
he elegido. Pero la Sagrada Escritura debe cumplirse donde dice: “El que
come mi pan, se ha vuelto contra mi”. Os digo estas cosas ahora, antes de
que sucedan, para que cuando sucedan creáis que yo soy. Dicho esto,
Jesús se sintió profundamente conmovido y entonces exclamó:
“Os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar”.
Entonces los discípulos empezaron a mirarse unos a otros preguntándose
a quién se estaba refiriendo Jesús. Uno de ellos,
(el discípulo a quien Jesús tanto quería) estaba recostado
a la mesa sobre el pecho de Jesús. Simón Pedro le hizo señas
para que le preguntase a quién se refería. El discípulo
que estaba recostado sobre el pecho de Jesús le preguntó:
· Señor ¿Quién
es?.
Jesús le contestó:
· Aquel a quien voy a dar
el trozo de pan mojado en el plato.
Y mojando el pan, se lo dio a Judas Iscariote.
Cuando Judas recibió aquel trozo de pan mojado, Satanás entró
en él. Jesús entonces le dijo: Lo que vayas a hacer, hazlo
cuanto antes.
Ninguno de los comensales entendió lo que Jesús había
querido decir. Como Judas era el depositario de la bolsa común,
algunos pensaron que le había encargado que comprara lo necesario
para la fiesta o que diese algo a los pobres. Judas, después de recibir
el trozo de pan mojado, salió inmediatamente. Era de noche.
Nada más salir Judas, dijo Jesús: Ahora va a manifestarse la
gloria del Hijo del Hombre y Dios será glorificado en él. Y
lo va a hacer muy pronto. Hijos míos, ya no estaré con vosotros
por mucho tiempo.
(Silencio meditativo . Música)
Canto: No hay que temer, no hay que temer. No durmáis, no durmáis,
pues que no hay paz en a tierra. Aventuremos la vida.
MONITOR
En aquella noche de despedida, Jesús quiere enseñar lo más
bonito de su evangelio, algo así como el resumen de toda su vida.
Jesús nos había enseñado muchas cosas, pero en esta
noche nos dice que lo más importante de todo lo que hemos aprendido
de sus lecciones es que nos queramos como hermanos. Que en el amor a los
hermanos se va a notar que somos discípulos suyos. El evangelio lo
cuenta así:
LECTOR 3
2. El nuevo mandamiento Jn 13. 33-35; 15. 9-16.
Hijos míos, ya no estaré por mucho tiempo con vosotros. Me
buscaréis pero os digo lo mismo que dije a los judíos: Adonde
yo voy, vosotros no podéis venir. Os doy un mandamiento nuevo:
Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también
amaos los unos a los otros. Por el amor que os tengáis los unos a
los otros reconocerán todos que sois discípulos míos.
Como el Padre me ama a mí, así os amo yo a vosotros. Permaneced
en mi amor. Pero sólo permaneceréis en mi amor si obedecéis
mis mandamientos, lo mismo que yo he observado los mandamientos de mi
Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que participéis
en mi gozo y vuestro gozo sea completo. Mi mandamiento es este: Amaos
los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande
que quien da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis
lo que yo os mando. En adelante, ya no os llamaré siervos, porque
el siervo no conoce lo que hace su Señor. Desde ahora os llamo amigos
porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre.
No me elegisteis vosotros a mi; fui yo quien os elegí a vosotros.
Y os he destinado para que vayáis y deis fruto abundante y duradero.
Así el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre.
Silencio meditativo. Música
Canto: Como el Padre me amó
MONITOR
Sabemos que nuestra vida es caminar hacia Dios. No estamos en el mundo para
quedarnos para siempre aquí. Nuestro destino final son los brazos
de Dios. Jesús también lo sabía. Cuando llegó
la hora de su muerte, Jesús se dispuso a marchar a la casa del Padre.
De estas cosas nos habló para que tuviéramos esperanza. El
ha ido a preparanos el camino. El evangelio lo cuenta así:
LECTOR 4
Camino
hacia el Padre -Jn 14. 1-10
No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mi.
En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así ya os lo
habría dicho. Ahora voy a prepararos ese lugar. Una vez que me haya
ido y os haya preparado el lugar, volveré y os llevaré conmigo
para que podáis estar donde voy a estar yo.
Entonces Felipe le dijo:
Señor, muéstranos al Padre; eso nos basta.
Jesús le contestó:
Llevo tanto tiempo con vosotros ¿y aún no me conoces, Felipe?.
El que me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo me pides que os
muestre al Padre?. ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en
mi?. Lo que yo os digo no son palabras mías. Es el Padre, que vive
en mi, el que está realizando su obra.
Silencio meditativo – música
Canto: Nada te turbe, nada te espante. Quien a Dios tiene nada le falta.
Nada te turbe, nada te espante. Solo Dios basta.
MONITOR
Quizás los discípulos creían que la muerte de Jesús
iba a ser el final de todo, pero los planes de Jesús no eran esos.
Él sabía que siempre necesitaríamos la ayuda de Dios.
Por eso nos dijo que nos íbamos a quedar solos. Dios no nos iba a
abandonar en nuestras pobrezas. Nos enviaría su Espíritu
Santo. Así lo cuenta el evangelio.
LECTOR 5
Promesa del Espíritu -Jn 14. 15-31
Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos; y yo rogaré
al Padre para que os envíe otro Paráclito para que esté
siempre con vosotros. Es el Espíritu de la verdad que no puede recibir
el mundo, porque ni le ve ni le conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis
porque vive en vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos; volveré a estar con vosotros.
Os he dicho todo esto mientras estoy con vosotros; pero el Paráclito,
el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre,
hará que recordéis lo que yo os he enseñado y os lo
explicará todo.
Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no puede dar.
No os inquietéis ni tengáis miedo. Levantaos y vámonos
de aquí.
Silencio meditativo – música
Canto: Danos la paz, Señor Jesús. Danos tu paz. Danos la paz,
Señor Jesús. Danos tu paz.
MONITOR
A Jesús ya le quedaban pocas horas antes de su muerte. Pero le quedaban
en el corazón muchos deseos. Esos deseos se los fue contando
a Dios. Quería encomendar a sus discípulos a Dios para que
Él los cuidara. Así rezó Jesús en aquella noche
en que se despedía.
LECTOR 6
Oración de Jesús -Jn 17. 1-26
Dicho esto, Jesús levantó los ojos y exclamó:
· Padre, ha llegado la hora.
Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique. Tú le diste poder
sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos
los que tú le has dado. Ahora, pues, Padre, glorifícame con
aquella gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo existiera.
Yo te he dado a conocer a aquellos que tú me diste de entre el mundo.
Eran tuyos; tú me los diste, y ellos han aceptado tu palabra.
Ahora han llegado a comprender que todo lo que me diste viene de ti, y ellos
han aceptado mi enseñanza. Ahora saben con absoluta certeza,
que yo he venido de ti y han creído que fuiste tú quien me
envió.
Yo te ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú
me has dado; porque te pertenecen: Todo lo mío es tuyo y todo
lo tuyo es mío. Ya no estaré más en el mundo;
ellos continúan en el mundo, mientras yo me voy a ti. Padre Santo,
guarda en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno.
Mientras yo estaba con ellos en el mundo, yo mismo guardaba, en tu nombre,
a los que me diste. Los he protegido de tal manera que ninguno de ellos se
ha perdido, fuera del que tenía que perderse para que se cumpliera
lo que dice la Escritura. Ahora, en cambio, yo me voy a ti. Yo
les he comunicado tu mensaje, pero el mundo los odia, porque no pertenecen
al mundo, como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente
tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad.
Yo los he enviado al mundo, como tú me enviaste a mi. Pero no
te ruego solamente por ellos, sino también por todos los que creerán
en mi por medio de su palabra.
Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en
mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a
nosotros. Padre, yo deseo que todos estos que tú me has dado puedan
estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me
has dado porque tú me amaste antes de la creación del
mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo, en cambio, te conozco y todos
estos han llegado a reconocer que tú me has enviado. Les he dado a
conocer quién eres y continuaré en adelante dándote
a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también
en ellos, y yo mismo esté en ellos.
Silencio meditativo. Música.
Canto: Padre únenos. Padre únenos. Que el mundo crea que enviaste
al Hijo. Padre únenos.
MONITOR:
En el mundo existe la mentalidad de que estamos en la vida para hacernos
poderosos, triunfadores, ricos. Esto se respira en el ambiente, en la televisión,
en los periódicos y a veces hasta los amigos y familiares piensan
así. El mundo está lleno de ambiciones y egoísmos. Si
nosotros elegimos otro camino para vivir, como el de Jesús, lo pasaremos
mal. Los cristianos no podemos rendirnos. Frente al egoísmo,
nosotros tenemos que vivir la generosidad. Frente al orgullo y al afán
de mandar, nosotros tenemos que vivir la sencillez, sirviendo a los hermanos.
Frente al odio y la violencia, nosotros somos tenemos que ser los partidarios
del amor y de la paz. Así vivió Jesús y el mundo le
odió y le persiguió. El evangelio cuenta esto así:
LECTOR
7
Odio del mundo -Jn 15.17-25 y 16 1-4, 25-33
Lo que yo os mando es esto: que os améis los unos a los otros. Si
el mundo os odia, recordad que primero me odió a mí. Si pertenecierais
al mundo, el mundo os amaría como cosa propia; pero no pertenecéis
al mundo porque yo os elegí y os saqué de él; por eso
el mundo os odia. Recordad lo que os dije: “Ningún siervo es superior
a su señor”. Igual que me han perseguido a mi, os perseguirán
a vosotros. Y en la medida en que han aceptado mi enseñanza, también
aceptarán la vuestra. Os tratarán así por mi causa,
porque no conocen a aquel que me envió. Si yo no hubiese venido o
no les hubiese hablado tan claramente, no serían culpables; pero así
no tienen disculpa por su pecado. El que me odia a mí, odia también
a mi Padre. Si yo no hubiera realizado ante ellos unas obras que ningún
otro ha hecho, no serían culpables; pero ahora, a pesar de haber visto
estas obras, siguen odiándonos a mi Padre y a mí. Así
se cumple lo que ya estaba anunciado en su ley: “Me han odiado sin ningún
motivo”.
Os he dicho esto para que vuestra fe no sucumba en la prueba. Porque os expulsarán
de la Sinagoga. Más aún, llegará el momento en el que
os quiten la vida pensando que dan culto a Dios. Y actuarán así
porque no conocen al Padre ni me conocen a mí. Os lo digo
de antemano, para que, cuando llegue la hora, recordéis que ya os
lo había anunciado yo.
Hasta ahora os he hablado en un lenguaje figurado; pero llega la hora en
que no recurriré más a ese lenguaje. Salí del Padre
y vine al mundo. Ahora dejo el mundo para volver al Padre.
En el mundo encontraréis dificultades y tendréis que sufrir,
pero tened ánimo: Yo he vencido al mundo.
Canto: ¡Oh, pobreza, fuente de riqueza. Señor, siémbranos
alma de pobre.
DESPEDIDA
Hemos estado en esta noche del Jueves Santo un rato acompañando
al Señor. Hemos meditado cosas muy importantes que ocurrieron
en aquella noche: la traición de Judas; hemos oído el
mandato de Jesús: “que os améis unos a otros como yo os he
amado”; hemos oído que la muerte de Jesús es el regreso
al Padre; hemos recibido la promesa del Espíritu Santo: “No os dejaré
huérfanos”; hemos aprendido a permanecer unidos a Jesús como
el sarmiento permanece unido a la vid para dar fruto; y hemos meditado la
oración de Jesús por sus cristianos.
Con la paz que él ha puesto en nuestro corazón nos marchamos
a descansar. Que el Señor nos bendiga a todos. En el nombre del Padre.....
MONITOR
Nosotros, cuando nos mueven nuestros egoísmos o nuestros caprichos,
podemos hacer pocas cosas bonitas. Estamos llamados en la vida a hacer
cosas muy hermosas que reflejen la bondad de Dios. Pero esas cosas tan
hermosas nunca las podremos hacer si andamos separados de Dios y viviendo
por nuestra cuenta y riesgo. Así nos lo dijo Jesús.
La Verdadera Vid - Jn 15. 1-10
Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. El Padre corta todos
los sarmientos unidos a mí que no dan fruto y poda los que dan fruto
para que den más fruto. Vosotros ya estáis limpios, gracias
a las palabras que os he comunicado. Permaneced unidos a mí, como
yo lo estoy a vosotros. Ningún sarmiento puede producir fruto por
sí mismo, sin estar unido a la vid, y lo mismo os ocurrirá
a vosotros, si no estáis unidos a mí.
Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí,
como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí
no podéis hacer nada. El que no permanece unido a mí, es arrojado
fuera, como los sarmientos que se secan y son amontonados y arrojados
al fuego para ser quemados.
Si permanecéis unidos a mí y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid lo que queráis y lo tendréis. Mi Padre recibe gloria
cuando producís fruto en abundancia, y os manifestáis
así como discípulos míos.
Silencio meditativo. Música.
Podéis ir en paz.