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ORACIÓN POR LA PAZ MUNDIAL




ENCUENTRO DE ORACIÓN

1. Presentación
Como cada mes, nos hemos reunido para hacer oración. Orar es algo que los cristianos necesitamos, como el agua o como el aire. Y la oración, nuestra oración no debe ser algo aislado de la vida y de las preocupaciones del mundo. Por eso, este mes, enero del 2003, nos trae dos preocupaciones importantes de las Iglesias cristianas y del mundo: La división de los cristianos y la amenaza de la guerra. Tanto la división como la guerra tienen las mismas causas remotas: El orgullo, la prepotencia, el egoísmo, la intransigencia, que llegan a engendrar odio y violencia.
Hay como una herida grande en la humanidad y en la Iglesia. Esa herida, nos duele, la sufrimos todos. Por eso hoy vamos a orar por la  UNIDAD Y POR LA PAZ.

Hacemos un breve silencio para tomar conciencia de que Dios está ya en  medio de nosotros. Que ha sido Él el que nos ha invitado esta tarde a este encuentro. Después pediremos al Señor que nos envíe su luz  y nos ayude a orar.

Silencio (sin música)

2. Canto
Venimos a escuchar tu voz. Envíanos tu luz, Señor.
 
 

3. Pregón por la Unidad y la Paz
 

LECTOR 1
 Hermanos y hermanas, amantes y buscadores de la Paz de Jesús. Porque creemos en Dios, Padre de todos, creemos también en la fraternidad, en la unidad; y porque creemos en la Palabra de Jesús,  creemos también que es posible construir la paz, darnos la paz, celebrar la paz.

LECTOR 2
  Pero ¿es que no veis las negras nubes de la guerra, que se ciernen sobre la tierra?
¿Es que no veis las amenazas cada día más descaradas?
¿Es que no percibís que corren vientos de venganza?
¿Es que no veis que es noche oscura en nuestro mundo?
¿Es que no veis las tremendas divisiones por causa de la raza, la religión o la clase social?

LECTOR 1
Todo eso es cierto. Pero también es cierto que podemos hacer que cesen las palabras venenosas y violentas.
Podemos unirnos en esfuerzos solidarios.
Podemos contagiar a los demás nuestro compromiso por la paz
Podemos hacer más posible la paz.
Podemos ir derribando los muros que nos separan.
Podemos hacer una Iglesia y un mundo más unidos.

LECTOR 2
Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, la gente sencilla, ante la fuerza países como Estados Unidos y sus aliados, ante ejércitos equipados con sofisticados armamentos y adiestrados hábilmente para hacer la guerra?
¿Qué podemos hacer nosotros, si no tenemos influencias en la ONU, ni en los organismos internacionales?
¿Qué podemos hacer ante las multinacionales del petróleo?
¿Qué podemos hacer cuando las divisiones son tan profundas, cuando los muros son tan difíciles de derribar?

LECTOR 1
No tenemos la fuerza de las armas, ni la fuerza del dinero. Nuestra principal arma es la fe, que según Jesús puede mover montañas, derribar muros, cambiar los corazones.
Creemos en la fuerza de la no violencia, en la fuerza del compromiso diario.
Creemos que una sonrisa es más poderosa que un arma.
Creemos que lo que une a los hombres es más importante que lo que divide.
Creemos en el poder  de un apretón de manos o un abrazo.
Creemos en el poder de una mirada llena de amor.

LECTOR 2
Pero, ¿cómo contagiar esa fe y esa esperanza a la gente desencantada, desilusionada, pasiva, resignada a la fatalidad?
Las malas noticias hacen tambalearse la ilusión, la fe y la esperanza de mucha gente. El peso de la realidad es como una losa que sepulta la débil esperanza de la gente. Muchos han llegado a la conclusión de que la paz sólo depende de lo que hagan los poderosos. Y a ellos no les interesa la paz. Hay intereses bastardos por medio.
¿Qué podemos hacer nosotros?
¿Por dónde empezar?
LECTOR 1
Si estás pronto a dar el primer paso por acercarte al otro.
Si compartes tu pan y sabes añadirle un pedazo de tu corazón.
Si la cólera te parece un rasgo de debilidad y no una señal de fuerza.
Si prefieres que te ofendan antes de hacer daño a alguien.
Si te colocas al lado del pobre y del débil sin considerarte un héroe.
Si crees que la fuerza del amor es el único resorte válido de disuasión.
Si el otro es para ti, siempre y ante todo un hermano.
Entonces, aun sin darte cuenta, trabajas por la paz y la unidad,
y eres como Jesús de Nazaret, el que proclamó las bienaventuranzas, llamó dichosos a los amantes de la paz, y a quienes trabajan por ella, y declaró en estado de amor toda la tierra, y se entregó hasta el final para conseguirlo..
Si somos instrumento de su paz... entonces la paz vendrá.
 

LECTOR  2
Para ese compromiso tan hermoso, para ser de verdad instrumentos de la paz, necesitamos  la fuerza de Dios, la luz que ilumine nuestras tinieblas, el Espíritu que cambie los corazones de piedra en corazones de carne.
Por eso necesitamos escuchar su Palabra. Necesitamos pedirle fuerza para nuestro compromiso por la paz y la unidad.

4. Símbolos
Los símbolos nos ayudan a orar. A integrar la fe y la vida, la utopía y el realismo. Por un lado está la realidad, el mundo dividido, amenazado por la guerra. (Se trae la bola del mundo). Miramos este mundo, obra de Dios, destinado a ser un paraíso para todos, pero que el pecado lo puede convertir en un infierno. (Pausa breve).

Por otro lado está nuestra fe y nuestra esperanza. Y la fe y esperanza de mucha gente a lo largo y ancho del mundo. Fe en que es posible otro mundo. Esperanza de que las espadas se conviertan en arados y las lanzas en podaderas. (Se trae un recipiente con agua y velitas flotantes que se van encendiendo mientras se canta: Hoy comienza una nueva era. Las lanzas se convierten en podaderas. De las espadas harán arados y los oprimidos son liberados.)

Ante esta realidad dolorosa, no es suficiente decir que se tiene fe en un mundo mejor. Hace falta el compromiso, el trabajo solidario con todos los que buscan la paz. En la Biblia, el ramo de olivo es símbolo de la paz. Este ramo de olivo quiere simbolizar nuestro compromiso por la paz. (Se reparten hojas de olivo entre los participantes, mientras se vuelve a cantar: Hoy comienza una nueva era)
 

5. Monición a la 1ª lectura:
La comunidad cristiana de Efeso, estaba formada por gente que antes de ser cristianos habían sido de la religión judía y también por gente que habían sido de religiones paganas. Entre los dos grupos había algunos problemas. Pablo les explica que Cristo ha hecho un solo pueblo, ha traído la paz ye ha derribado el muro de la enemistad que les separaba. Escuchamos.
 

LECTURA DE LA CARTA DE SAN PABLO A LOS EFESIOS ( 2,11-22)

Así pues, vosotros, los paganos de nacimiento, los que no estáis circuncidados, recordad que en otro tiempo estuvisteis sin Cristo, sin derecho a la ciudadanía de Israel, ajenos a la Alianza y su promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Ahora, en cambio, por Cristo Jesús y gracias a su muerte, los que antes estabais lejos, os habéis acercado.
Porque Cristo es nuestra paz. El ha hecho de los dos pueblos uno solo, destruyendo el muro de enemistad que los separaba. El ha anulado en su propia carne la ley con sus preceptos y sus normas. El ha creado en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad, restableciendo la paz. El ha reconciliado a los dos pueblos con Dios uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad. Su venida ha traído la buena noticia de la paz: paz para vosotros los que estabais lejos y paz también para los que estaban cerca; porque gracias a él unos y otros, unidos en un solo Espíritu, tenemos acceso al Padre. Por tanto, ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del pueblo de Dios: sois familia de Dios, estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular, en quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor, y en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, morada de Dios.

Silencio + Música
 

6. RESPUESTA DE LA ASAMBLEA
Con nuestro canto hecho oración, pedimos al Señor que nos una con la paz de su perdón

Canto:

SEÑOR, REÚNENOS CON LA PAZ DE TU PERDÓN.
1. Vivimos desunidos, / no hay fraternidad. / Tú eres nuestra fuerza, / de ti viene la paz.

2. Eres nuestra esperanza / en nuestras divisiones / mayor que nuestra ofensa / es siempre tu perdón.

3. Dichosos son los pobres / que buscan la unidad, / dichoso es en tu Reino, quien lucha por la paz.

7. Monición al Evangelio

Jesús, en la sobremesa con sus amigos en la última cena, les habla de la importancia del amor, de la unión, de la actitud de servicio. Y les da la paz. Les da su paz. También se dirige en oración al Padre. Le pide por aquellos y por nosotros, los cristianos de todos los tiempos. Sobre todo le pide que seamos uno, como el Padre y Él son uno.
Escuchemos.

DEL DISCURSO DE DESPEDIDA DE JESÚS SEGÚN EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

Os dejo la paz, os doy mi propia paz.  Una paz que el mundo no os puede dar. No os inquietéis ni tengáis miedo. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os iluminará para que podáis entender la verdad completa. En el mundo encontraréis dificultades, y tendréis que sufrir, pero tened ánimo, yo he vencido al mundo.
Dicho esto, Jesús exclamó:
 - Padre, te pido que todos sean uno, como tú, Padre estás conmigo y yo contigo; que también ellos estén con nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste, la de ser uno como nosotros, yo unido con ellos y tú conmigo, para que queden realizados en la unidad; así sabrá el mundo que tú me enviaste y que los has amado a ellos como a mí.
Padre, tú me los confiaste; quiero que, donde yo estoy, estén ellos también conmigo y contemplen esa gloria mía que tú me has dado, porque me amabas ya antes que existiera el mundo.

Silencio - música
8. CANTO
Danos la paz, Señor Jesús. Danos tu Paz. Danos la paz, Señor Jesús. Danos tu Paz.

9. CREDO DE LA PAZ
Para comprometerse con alguna causa es necesario creer en que esa causa es posible, es realizable. Por eso ahora, todos juntos proclamamos este Credo de la Paz.

* Creemos en Jesús, el Señor y príncipe de la Paz.
En la noche dichosa de su nacimiento en Belén de Judá, los Angeles proclamaron: "Paz a todos los hombres de buena voluntad"

* Creemos que  Jesús nos trajo una paz distinta y diferente, a la paz oportunista, vacía y mentirosa, que con frecuencia los hombres ofrecen desde el poder.

* Creemos que la  paz de Jesús, es la paz de las bienaventuranzas: de los pobres, los sencillos, los misericordiosos y los limpios de corazón, que no tienen su espíritu contaminado por ninguna esclavitud.

* Creemos que Jesús nos ofrece la paz: desde la pobreza de su nacimiento, desde su servicio al hombre pobre y sencillo, desde el perdón a sus enemigos, desde su entrega amorosa en la cruz.

* Creemos que la paz nos es tan necesaria como el agua, la tierra, el fuego o el aire.
Los mejores hombres de todos los tiempos han soñado con la primavera de la paz y de la fraternidad; y han gritado sin desfallecer, con el profeta Isaías: "De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas".

* Creemos que la paz es posible en nuestro mundo, a pesar de tanta guerra, violencia y opresión. Los anchos reinos de la cólera y la ira pasarán, y no tendrán la última palabra de la vida. La última y definitiva palabra será la da Dios, que en la persona de Jesús, inauguró el Reino de la Justicia, del Amor y de la Paz".

10. Oración participada
(Se invita a los participantes a expresar en voz alta su oración)

10. PADRE NUESTRO DE LA UNIDAD Y DE LA PAZ
En un encuentro de cristianos de distintas Iglesias, preocupados por la Unidad y la Paz, juntos escribieron y rezaron esta glosa al Padre nuestro. También nosotros acudimos al Padre de todos rezamos juntos:

Padre nuestro que estás en el cielo:
que todos nos sintamos hermanos;
que sepamos santificar tu nombre
con obras de caridad;
que venga tu reino
de justicia, de amor y de paz.

Que aprendamos a hacer tu voluntad
y amarnos en la tierra
como se aman tus hijos en el cielo.
Da a todos los hombres y mujeres el pan de la fe,
de la esperanza y del amor.

Haz, Señor, que olvidemos odios y rencores.
No permitas que nos acostumbremos
a nuestras divisiones.
Perdona las separaciones
debidas a nuestro orgullo,
a nuestra incredulidad,
a nuestra falta de comprensión y caridad,
y mantén en nosotros la conciencia del pecado
que divide lo que tú has unido.

No nos dejes caer en la tentación
de ser duros de corazón;
líbranos de considerar normal
lo que constituye un escándalo para el mundo
y una ofensa a tu amor.

Padre nuestro,
que vivamos siempre como hijos tuyos
y veamos a todos los cristianos
unidos en una gran familia. Amén

 
MANIFIESTO ECUMÉNICO DEL ESPINAR
1. Nos comprometemos con el Espíritu del Evangelio y del amor cristiano y con humildad a reexaminar la historia de la culpabilidad de nuestras Iglesias ante el drama de la división y a pedirnos perdón unos a otros.

2. Nos comprometemos a luchar contra la autosuficiencia confesional y a vencer nuestros propios prejuicios frente a las demás Iglesias.

3. Nos comprometemos a reconocer las riquezas espirituales de las diversas tradiciones cristianas y a aprender los unos de los otros.

4. Nos comprometemos a promover el encuentro de los unos con los otros.

5. Nos comprometemos a trabajar juntos siempre que esto sea posible.

6. Nos comprometemos a favorecer el aprendizaje ecuménico en la educación cristiana, en la teológica básica y en la permanente.

7. Nos comprometemos a buscar una espiritualidad ecuménica común y a promover la oración en común.

8. Nos comprometemos -frente al progreso de la secularización y descristianización de Europa- a testimoniar juntos nuestra fe cristiana: el Credo.

9. Nos comprometemos a cultivar y profundizar en la cultura del diálogo en el interior de cada Iglesia y entre las Iglesias, difundiendo las resultados de los diálogos interconfesionales y aplicando las consecuencias que de ellos se derivan.

10. Nos comprometemos a impulsar en nuestras iglesias el diálogo sobre las cuestiones éticas y morales que se preocupan de modo especial al conjunto de la sociedad europea actual, como son las cuestiones referentes a la justicia, la paz, la salvaguarda de la creación.
El Espinar. Agosto 2002

ORACIÓN POR LA PAZ (atribuida a S. Francisco de Asís)

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, que yo ponga amor.
Donde haya ofensas, que yo ponga perdón.
Donde haya discordia, que yo ponga unión.
Donde aya error, que yo ponga verdad.
Donde haya duda, que yo ponga fe.
Donde haya desesperación, que yo ponga esperanza.
Donde haya tinieblas, que yo ponga luz.
Donde haya tristeza, que yo ponga alegría.

Haz que yo no busque tanto ser consolado como consolar;
ser comprendido como comprender;
ser amado como amar.

Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí mismo
 es como se encuentra uno a sí mismo.
 

CREDO DE LA PAZ

Creemos en ti, Señor, Padre de todos,
que eres un Dios pacífico, no violento.
Tú creaste al hombre y a la mujer
y deseas la convivencia
entre todas las personas y todos los pueblos.

Tus profetas anunciaron la paz
y rechazaron los poderes de este mundo
que tiranizan, crean injusticias
y desatan guerras y odios.
Ahora profesamos la fe cristiana confesando juntos:
Creemos en el Dios de la Paz.

Creemos en Jesucristo, Príncipe de la paz,
que nació de Santa María.
En la noche de su nacimiento,
los ángeles anunciaron a los pastores la paz.
Cristo vino a traer la paz, no la división;
rechazó la espada y la violencia
y propuso como únicas armas
la verdad, la justicia y la caridad.
Fue condenado a muerte
por haber dicho la verdad,
pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
Por eso recitamos todos juntos:
Creemos en Jesucristo, príncipe de la Paz.

Creemos en el Espíritu Santo.
La paz es don del espíritu de Dios
y fruto de los artesanos que la construyen.
Creemos en la Iglesia,
en el perdón de los pecados
y en la vida eterna en paz.
Y todos juntos profesamos nuestra fe diciendo:
Creemos en el Espíritu de la Paz.