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PREGÓN DE ADVIENTO

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PREGÓN DE ADVIENTO

¡Despertad! Comienza un tiempo nuevo,
abrid el corazón a la esperanza.
Quitad de vuestras vidas la tristeza,
que la alegría inunde nuestras almas.
Abrid de par en par todas las puertas,
abrid, que entre la brisa, las ventanas.
Que marque nuestros labios la sonrisa
y el asombro se note en las miradas.
Habrá muchos, seguro, que no quieran,
escuchar este mensaje de esperanza.
Por eso, más que nunca es necesario
atreverse a gritarlo por las plazas:
El Dios del amor y la ternura
va a pasar por la puerta de tu casa.
Vigila, estate atento, pues seguro,
 te pide que  le dejes visitarla.
Será como una suave melodía,
o perfume de flor recién cortada.
Y las viejas rutinas de la vida,
quedarán para siempre eliminadas,
porque  siempre su luz y su presencia
nos inundan llenándonos de gracia.
Que el pánico no cunda entre nosotros,
cuando vemos que el mundo tanto cambia.
El Señor está ya cerca, ¿No lo sientes?
él pasa a nuestro lado y nos levanta.
¡Adviento! ¡Despertemos!
Aunque sigan torcidos los caminos,
y las colinas y valles no se allanan,
seguimos esperado tu promesa
y por eso gritamos: ¡Maranahta!
Isaías, María y el Bautista
con su cálida voz nos acompañan
y nos van descubriendo cómo y dónde
el Señor de nuevo nos abraza.
A los desencantados y aturdidos,
a los que nada ven, a los que ya no cantan,
a los que la injusticia ha empobrecido,
o la vida duramente los maltrata,
a los heridos por tanta violencia,
a los que por no esperar no esperan nada,
también en este Adviento les decimos:
¡Abrid el corazón a la esperanza!
Que el Dios del amor y la ternura 
pasará también por vuestra casa.